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APRENDIZAJE DE LAS HABILIDADES DE LA VIDA DIARIA

Beatriz Arregui Noguer. Técnico de Rehabilitación del Programa de Atención a Personas Sordociegas. O.N.C.E.

1.- Introducción

2- ¿Qué nos planteamos?

3- Requisitos

4- Enseñanza de las habilidades de la vida diaria

5- Participación de los padres

1- INTRODUCCIÓN:

Las Habilidades de Vida Diaria abarcan todas las actividades cotidianas que nosotros aprendimos a realizar sin apenas enterarnos, de acuerdo a nuestra edad, exigencia del entorno y circunstancias; quizá por ello no somos capaces de valorar las dificultades, secuenciación y estrategias que en realidad hemos aprendido. Si observamos el nivel de control que un joven o adulto tiene en este área, nos indica en cierta medida, el grado de independencia que tiene en su propia vida. Por tanto, es fácil deducir la importancia que este área tiene en la educación del niño sordociego.

De acuerdo a cada etapa de desarrollo podemos, desde ser capaces de desvestirnos o vestirnos solos, realizar el aseo personal, colaborar con nuestra madre en tareas de la casa, comer adecuadamente, hacer distintas tareas del hogar como limpiar la cocina, el baño, cocinar o planchar, salir a hacer el "recado" que nos dan, planificar nosotros las necesidades de compra de productos o alimentos, seleccionar los más buenos y baratos en la tienda, planificar el gasto de nuestro dinero, proyectar la compra de ropa, artículos de ocio caros, coche, o hasta una casa. Y así, hasta un sin fin de actividades.

Pero, ¿cómo aprendimos a realizar todo esto?, ¿cómo adquirimos nuestra habilidad en tantas cosas?. Excepto para alguna persona que haya tenido la suerte de ser un joven bien cuidado, que pueda recordar perfectamente el día en que tuvo que enfrentarse a la sartén con el aceite caliente, o a la limpieza del cuarto de baño, para la mayoría de la gente muchas de estas tareas las ha ido aprendiendo casi sin darse cuenta. A través de la observación diaria de sus padres o hermanos mayores, incluso sin intención de hacerlo; de escuchar una y otra vez las recomendaciones o reprimendas cuando no hacía algo o lo hacía mal y de ensayar.

¿Y los niños sordociegos? Si su visión y audición nos les permite observar o escuchar lo que hacen o dicen sus mayores, como nos ocurrió a nosotros, ¿cómo pueden aprender?.

Experimentando. Y con una intención clara de las personas de su entorno de hacerles llegar a través del tacto la información que nosotros obtuvimos por otros sentidos.

 

necesidad de aprender experimentando, tocando.

Cada niño con sordoceguera va a poseer unas características únicas, debido al remanente visual y auditivo que posea, a cómo interpreta esas percepciones y las aprovecha, al grado de comunicación, a si tiene asociado otras discapacidades o no, etc..., pero para todos hay alguna actividad adecuada a su nivel, que le permitirá ir mejorando, ser más activo y progresar en el grado de complejidad que supone el camino hacia la independencia, con mayor o menor supervisión.

todos pueden participar en alguna actividad.

2- ¿QUÉ NOS PLANTEAMOS AL PROGRAMAR LA H.V.D.s?

En la enseñanza de habilidades de vida diaria a niños sordociegos partimos de la idea que el niño, tenga o no remanentes visuales y/o auditivos, está recibiendo una información parcial de las cosas. Por ello, una vez que han tenido la oportunidad de a través de un modelo saber que una actividad se realiza, nos planteamos que para que la aprendan deben conocer las distintas partes que la componen. Por ejemplo, para barrer su habitación, el niño debe saber donde localizar la escoba y el recogedor, cómo retirar los elementos de la habitación como alfombras, sillas..., como barrer, recoger la basura, echarla en el cubo y guardar el material utilizado.

Paralelamente al conocimiento de las partes que componen la actividad, deben desarrollar unas habilidades básicas para esa actividad: de tipo manipulativo (en el ejemplo anterior, agarrar y mover la escoba con movimientos coordinados de ambos brazos...), de tipo motor grueso (desplazarse lateralmente, agacharse...), de tipo sensorial (aprovechar su visión, uso del tacto indirecto a través de la escoba para localizar obstáculos...).

Según cada actividad se van a hacer hincapié en el aprendizaje de unos conceptos básicos u otros. En el ejemplo de la habitación, el niño debe aprender desde la forma de la habitación y la colocación de los muebles en ella, a moverse estructurando el espacio en relación a estos, la diferencia entre limpio y sucio, vacío y lleno, etc...

En un principio es muy importante que el orden en la realización de la actividad y el modo en que esta se lleva a cabo sea siempre el mismo. Para que el niño tenga la oportunidad de aprender todos los componentes de la actividad y adquiera una seguridad en su habilidad para realizarla, necesita que esta se repita de forma sistemática. Así mismo, necesita disponer de un tiempo, mayor que el de un niño oyente y vidente desde nuestro punto de vista, pero que desde el suyo simplemente es el necesario para conocer y ordenar con claridad las cosas que ocurren a su alrededor y a las que él no tiene acceso si no es experimentándolas. Conforme el niño tenga más experiencia en realizar distintas tareas, conozca más cosas, el tiempo que necesite en aprender nuevas tareas será menor.

Una vez que conoce el orden de la secuencia de la actividad y puede realizarla de modo independiente, nos planteamos que amplíe la información relacionada con ella.

Siguiendo el ejemplo anterior, intentaremos que generalice la forma de barrer a otras salas con distinta distribución de muebles, que conozca que según el tipo de suelo se utilizan escobas diferentes, donde se compran esos materiales, etc...

En nuestro caso, ajustándonos al modelo de trabajo, la programación de qué actividades vamos a plantear al niño para que las aprenda, se realiza entre el profesor tutor del niño y el técnico de rehabilitación básica. Para ello el profesor recaba información sobre los intereses y gustos del niño, así como la información de personas próximas a él, como cuidadores o familiares, que confirmen y amplíen los datos obtenidos de la evaluación y nos permita saber el grado de aplicación de las distintas habilidades.

Favorecer el aprendizaje de las diferentes tareas es un trabajo en equipo. Por una parte, los profesores del niño dentro del aula, apoyados por los instructores de aula, trabajan la asimilación de distintos conceptos y les facilitan la comprensión y memorización de la actividad. Dependiendo de la actividad, su enseñanza se llevará a cabo por los cuidadores del niño, instructores o el técnico de rehabilitación. Entre todos se intentará que el niño adquiera unas habilidades y mejore su nivel de orientación y movilidad, fundamental para el desarrollo de todas las tareas.

3- REQUISITOS PARA REALIZAR LAS ACTIVIDADES:

Como ya hemos comentado, todos los niños pueden participar en actividades de autonomía personal. Pero a la hora de determinar cual es la más adecuada para que pueda aprender de una forma sencilla, hay que tener en cuenta diferentes aspectos de partida del niño, a los que llamamos requisitos previos a la actividad. Como son:

- La disposición del niño: el grado de atención y conexión con el mundo, interés y participación en las tareas, conductas disruptivas que afecten el desarrollo de las mismas.

Nos encontramos con niños que tienden a permanecer en su mundo, y que ante la petición de colaborar en actividades reaccionan con nerviosismo, conductas de estereotipias como mover los brazos o balancearse, autoagresiones como morderse o darse golpes, tirarse al suelo, etc... Por ello habrá que determinar qué tareas son las más adecuadas en un inicio que le agraden y no le supongan una exigencia grande de atención prolongada, para lograr que el niño colabore en la actividad. También se debe saber de qué manera hemos de reaccionar y ayudar al niño a salir de ese estado de ansiedad.

¿Qué actitud tiene vuestro hijo ante una actividad nueva, o ante la realización de un trabajo o tarea?

- Nivel de desarrollo sensorial que posee: cual es su visión y de qué forma la aprovecha, así como su audición, su percepción táctil a través del tacto directo e indirecto, su percepción olfativa ( si percibe olores y los reconoce ), gustativa, cinestésica ( si es capaz de moverse con intención y es consciente de los movimientos que realiza ).

Vuestro hijo, en el caso de conservar visión, ¿de qué forma ve?. ¿Qué puede oír?. ¿Notáis que tiende a tocar con  intención, con ganas de conocer qué es eso?, ¿Observáis que reconoce los objetos y personas? ¿Se mueve de forma consciente por el espacio?

Algunos niños con remanente visual grande no muestran interés en mirar y continuamente hay que indicarles que dirijan la mirada hacia las personas o la actividad que están haciendo. Sin embargo otros con una visión escasa son capaces de localizar los bultos y dirigir su mano hacia ellos o esquivarlos en los desplazamientos. Algunos niños ven colores y otros ven en una gama de blanco-gris-negro, necesitando que los objetos estén más contrastados. Unos niños ven el detalle únicamente de cerca, si se aproximan mucho a las cosas y otros lo verán bien aunque estén a larga distancia. Unos niños van a tener un campo visual normal, mientras otros sólo verán lo situado en el centro de su mirada, y otros puede que conserven zonas irregulares por las que obtengan información visual. Es importante que sepáis de qué forma ven vuestros hijos, para presentarle las cosas y dirigiros a ellos sabiendo que os colocáis de forma que os vayan a ver.

Algunos niños rechazan tocar texturas blandas o húmedas, como la fruta, el pescado crudo o muchas otras cosas que tocamos al preparar la comida, por lo que inicialmente se resistirán a tocarlas. Otros con buen resto visual, necesitarán aprender a discriminar mediante el tacto aquellas sustancias o detalles de objetos que no diferencian mediante su visión.

Es importante que conozcáis el nivel de desarrollo sensorial que posee vuestro hijo.

- Nivel de las destrezas manipulativas que posee: si es capaz de reconocer objetos, si los manipula adecuadamente, con seguridad. Si sabe explorar táctilmente el entorno para localizar objetos o conocer lo que hay a su alrededor. El grado de destreza manipulativa que ha desarrollado utilizando utensilios que le permitan partir, untar, exprimir, pelar... Si es capaz de utilizar sus manos en una misma tarea de forma coordinada.

¿De qué forma manipula los objetos y explora su entorno?

¿Como utiliza los utensilios de la comida?
¿Como agarra la ropa?

- Nivel de desarrollo motor: si es capaz de agacharse, incorporarse, sentarse. Si realiza movimientos de brazos coordinados como para sacudir alfombras o estirar las sábanas, limpiar el polvo...

¿Camina vuestro hijo? ¿de qué forma lo hace? ¿Es ágil?¿Puede mover distintas partes del cuerpo con intención para realizar una actividad completa?

Muchos niños sordociegos, incluso los que poseen un remanente visual, se mueven por el espacio como si fueran un bloque rígido. No han desarrollado algunos patrones básicos de movimiento por diferentes motivos, entre otros la falta de seguridad en su desplazamiento por el espacio, que hace en un principio que inicie la marcha a una edad posterior a la de los otros niños y después que camine arrastrado los pies y  adelantando cada lado del cuerpo en bloque, sin contrarrestar el movimiento de cadera y tórax. La visión parcial les condiciona a adoptar en ocasiones posturas de cabeza y tronco diferentes a las fisiológicamente adecuadas.

Podemos analizar de qué forma se mueve el niño, cómo camina, se agacha, se sienta, cómo sube y baja escaleras, si sabe correr agarrado de la mano de un adulto, etc..., para enseñarle a realizarlo de la forma lo más fisiológicamente normal. Es importante que sea capaz de agacharse manteniendo la espalda y cabeza rectas y no doblando la cadera e inclinando todo el cuerpo hacia delante, ya que de esta forma corren el riesgo de darse golpes en la cabeza. Deben aprender a mover cada parte de su cuerpo por separado, aumentar la flexibilidad en sus movimientos para que cada vez puedan controlar mejor su propio cuerpo. De esta forma los niños sordociegos que no tengan resto visual serán capaces de orientarse y desplazarse mejor y, los niños con resto visual podrán participar en más actividades.

4- ENSEÑANZA DE LAS HABILIDADES DE VIDA DIARIA:

Las actividades de vida diaria son unas de las primeras acciones, sencillas, por las se empieza a educar al niño. El planteamiento de qué trabajar y como, se realiza de forma conjunta entre profesionales de distintas materias, ya que cada uno va a aportar desde su visión del niño aquellos aspectos en los que se debe incidir más, como son la mejora de la comunicación, de sus comportamientos y conexión con el mundo, de sus habilidades.

¿Qué actividades pueden aprender vuestros hijos? La mayoría de las actividades de autonomía personal que aprenden los niños que oyen y ven, adaptándolas a sus necesidades de aprendizaje y eligiendo aquellas teniendo en cuenta el momento de desarrollo en el que está vuestro hijo.

 

Existen diferentes tipos de actividades:

desde las habilidades de vida diaria básicas, como ir al servicio sólo, realizar la higiene y aseo personal, vestirse y comer adecuadamente,

actividades más complejas, como todas las relacionadas con la autonomía en el hogar: hacer la cama, poner la mesa y quitarla, limpiar la habitación y ordenar su armario, prepararse alimentos sencillos para la merienda o el desayuno, lavar ropa, tender y planchar, fregar cacharros, limpiar diferentes habitaciones, colaborar en la preparación de la comida, hacerse la comida utilizando el microondas, freidora, sartén, o realizar guisos en la cazuela, etc...

realizar actividades que impliquen una comunicación con personas que no conocen su sistema de comunicación, como realizar compras mediante listas escritas por otras personas, o por ellos mismos, o utilizando imágenes o fotografías. También desplazarse por la calle y utilizar transportes públicos mediante el uso de tarjetas preescritas o escritura de mensajes, según la situación de cada niño.

 

Una vez elegida la actividad a enseñarle, debemos pararnos a pensar los diferentes pasos lógicos que daríamos si fuéramos nosotros quienes la realizáramos, anotándolos todos en una sucesión; de esta forma elaboramos la secuencia de las tareas necesarias para poder iniciar y terminar esa actividad. Por ejemplo, si queremos que el niño sea capaz de prepararse alimentos sencillos por si en un momento dado tiene hambre, él pueda hacerlo, la secuencia sería:

pensar qué se quiere merendar

coger los alimentos

coger los utensilios que necesitaremos para prepararlo

prepararlo

comerlo

y un siguiente paso si se quiere, es recogerlo, limpiarlo y guardarlo.

Cada una de las tareas debemos adaptarlas a la forma en que el niño debe hacerlas, teniendo en cuenta sus capacidades perceptivas y manipulativas, necesidad de aprender unas normas de seguridad, etc...

Una vez que hemos pensado las actividades que vamos a enseñarle, debemos plantearnos si el niño podrá aprenderlas en una situación fuera del momento real en que debe realizarla o hay que aprovechar las ocasiones a lo largo del día en que el niño entiende o acepta mejor el hacerlas. Igualmente se debe determinar la frecuencia con que el niño debe realizarla hasta que la aprenda, procurando establecer tiempos reales que luego vayan a poder cumplirse.

Debemos pensar qué personas pueden colaborar en la enseñanza, estando presentes y supervisándole o ayudándole directamente. Siguiendo el ejemplo anterior de prepararse alimentos sencillos, podemos elegir que lo haga a la hora de la merienda, o a la del desayuno. En casa pueden distribuirse la supervisión y ayuda entre los distintos miembros, asegurándose que todos los que lo hagan conocen qué debe hacer el niño, y el tipo de ayuda que se le debe dar.

La forma de enseñanza de la actividad dependerá de cada niño. Por un lado de si posee un sistema de comunicación o no, de qué sistema utiliza para recibir la información y el conocimiento y desarrollo que tiene de este sistema para poder comprender las explicaciones. También habrá que tener en cuenta su nivel de atención hacia la actividad, grado de tolerancia, participación e iniciativa que muestra. Capacidades perceptivas que posee, si va a poder observar, o necesitará tocar, si va a poder escuchar nuestra voz o algunos sonidos del entorno, etc...

A la hora de enseñar una actividad completa o destrezas manipulativas que el niño, pese a observarnos y tocarnos haciéndolas o tocar nuestras manos realizando una tarea concreta, no es capaz de hacerlo luego por sí solo, se establece un proceso partiendo de un grado de ayuda total, para ir disminuyéndola gradualmente, hasta retirarnos por completo. También damos cada vez más autonomía esperando que el niño tenga las iniciativas de empezar y realizar todas las tareas que componen la actividad en el orden lógico.

Inicialmente el adulto se sitúa detrás del niño, y coloca sus manos sobre las manos del niño, moldeándole la posición de las manos y cuerpo para que aprenda cómo se hace.

Una vez que el niño ha entendido qué se le está pidiendo que haga, se disminuye el grado de ayuda dado, pasando a animarle a la acción mediante toques direccionales en muñeca, antebrazo, y posteriormente en codo u hombro para incitarle a continuar la tarea que ya conoce.

Conforme va mejorando nosotros debemos ir separándonos más del niño, animándole al desarrollo independiente de la tarea. Se le ayuda en el perfeccionamiento de habilidades concretas, o en la resolución de situaciones nuevas que surjan, planteándole cómo podría resolverlas y dándole seguridad en sus actuaciones.

Habrá niños que su comunicación sea mediante la lengua de signos y que puedan ante una duda preguntártelo directamente y entender la respuesta. Otros puede que su comunicación sea oral y puedan preguntar directamente a las personas que le rodean. Pero gran parte de los niños sordociegos congénitos, cuando son pequeños, no van a disponer de un sistema de comunicación que nos permita explicarles las cosas, hacerles preguntas para ver si lo han entendido y obtener respuesta de ellos sobre sus emociones o dificultades hacia la actividad planteada. En estos casos la práctica continua y realizada de la misma forma les permite aprender y anticipar luego cada uno de los pasos de deben realizar. Los dibujos sencillos representando cada tarea, son de gran ayuda para los niños, convirtiéndose en sus cuadernos de recetas o de consulta donde pueden recordar cómo realizar las actividades. Cada uno de estos cuadernos deben estar adaptados a su sistema de comunicación y capacidad de comprensión.

Es importante que todas las personas que participan en la enseñanza de las HVDs del niño sordociego estén coordinadas y se intercambien información. De esta forma, el nivel de ayuda prestado y de exigencia será uniforme y el niño irá progresando e incorporando lo que aprende a todas las situaciones de su vida.

5- PARTICIPACIÓN DE LOS PADRES:

¿De qué forma pueden colaborar los padres con los profesionales? De muchas maneras.

Una de ellas es manteniendo contactos periódicos con el profesor tutor de su hijo, para que se produzca un intercambio de información respecto a cómo se comporta y progresa su hijo tanto en casa como en el colegio.

Determinando junto con los profesionales cuales de las actividades que está aprendiendo vuestro hijo, vais a poder realmente mantenerlas también en casa. Aprender esas tareas con ellos y el modo en que se le enseña al niño.

Intercambiando información concreta sobre la aplicación de esos programas, de forma que exista una semejanza entre las exigencias que se le hacen al niño en el colegio y en casa, en todas las áreas.

El período de vacaciones es largo y es necesario que a los niños se les siga insistiendo en que ellos deben hacer actividades que realizaban en el colegio, para obtener resultados en los programas y que no los olviden, al tiempo que ven que ellos también tienen una tarea en el entorno familiar y se confía en sus posibilidades.

Transmitiendo información a los niños de lo que están haciendo los distintos miembros de la casa, permitiendo que os acompañe y toque mientras estáis desarrollando una actividad y compruebe el modo en que lo estáis haciendo.

Transmitirles y explicarles toda la información que podáis, por ejemplo, los productos que faltan en la casa, contarles que no hay y que por eso debéis ir a la calle, hacer la lista de la compra con ellos, llamarles la atención sobre la localización de la cesta de la compra, implicarles en la búsqueda de los productos, mostrándoles que hay diferentes marcas, hacerles pensar si son muchas cosas o pocas las que habéis comprado y si será mucho o poco dinero, la forma en que los guardas en la bolsa para que no se estropeen y el modo en que los almacenas o congelas en casa.

Hay mucha información de las cosas cotidianas que nosotros damos por supuesta, como si fuera información que lleváramos incorporada en los genes y pensamos que todo el mundo debe saber lo que nosotros claramente estamos percibiendo, pero no es así.  El niño, en la mayoría de los casos, no va a saber por observación que por ejemplo la cocina de gas o eléctrica no se enciende y da calor si previamente no se ha conectado el enchufe o abierto la llave de la bombona. Por lo tanto, si alguna vez la dejamos cerrada, luego él no sabrá como activarlo a no ser que se lo hayamos explicado y mostrado el modo de hacerlo.

Necesita que se le muestre varias veces, dándole el tiempo que precise, por qué hacemos las cosas de un modo y no de otro, por qué cocinamos con aceite o margarina unas cosas y otras con agua, y por donde tiramos la sustancia que queda una vez terminado, ya que si no podemos encontrarnos con que nos almacene o tire las cosas por lugares que no son lógicos para nosotros, pero sí para él, por la información de que dispone.

Si permitimos al niño que lleve a cabo algunas de sus iniciativas, aunque no nos haya pedido permiso o no sean actividades que a priori pensemos que va a saber hacer, le permitimos experimentar por sí mismo. Podremos reorientarle y enseñarle el modo de llevarlas a cabo sin que corra peligro y también le estaremos dejando crecer.

El niño sordociego requiere mucha atención y es agotador en muchas ocasiones, sobre todo si nos implicamos en la idea de intentar transmitirle información. Si se incorpora como hábito esta forma de comunicación hacia el niño y todo el mundo la comparte, con la práctica deja de convertirse en un esfuerzo. Es fundamental que haya una colaboración estrecha entre los padres y profesionales que atienden al niño, así como un reconocimiento mutuo del esfuerzo que todos realizan para facilitar su desarrollo.

 

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